domingo, 8 de julio de 2012

Jaque mate


La capacidad de resistencia del ser humano en situaciones terribles y adversas no deja nunca de sorprender. Un día, el señor B. es arrestado por la Gestapo y conducido a una habitación de hotel. La tortura psicológica a la que es sometido hace que envidie a aquellos que fueron deportados a los campos de concentración. Los interrogatorios se suceden. El señor B. aguanta. Después de cuatro meses infernales de absoluto y total aislamiento, se encuentra con lo que considera que puede ser su salvación: un libro. La sola idea de volver a leer consigue, en cierto modo, serenarle. Sin embargo, tras robar el volumen, esconderlo y pasar penalidades para que sus carceleros no adviertan que se ha hecho con él, se lleva la sorpresa de encontrarse, no con un libro, en sentido estricto, sino con un manual de ajedrez. A partir de ese momento comienza para el señor B. una partida que acaba por salvarle la vida... o no, o no tanto.
Novela de ajedrez transcurre en un viaje en barco durante una travesía desde Nueva York a Buenos Aires. A bordo viaja el campeón mundial de ajedrez, Mirko Czentovicz, un tipo de limitadas capacidades, excepto para este juego, del que es un genio absoluto. El señor B. también es pasajero del vapor. Sólo es cuestión de tiempo que entre ambos se entable una partida de ajedrez que desvelará dos pensamientos y naturalezas antagónicas.
Stefan Zweig (1881-1942), un maestro de la literatura, utiliza como excusa el ajedrez para narrar una historia estremecedora sobre uno de los capítulos más aborrecibles y vergonzantes de la historia de Europa. Con su característica técnica narrativa y su hondura psicológica, logra en apenas cien páginas una obra magistral. Se publicó de manera póstuma, pues escribió la novela pocas semanas antes de suicidarse, desesperado ante el rumbo que estaban tomando los acontecimientos en Europa y pensando que el nazismo se extendería por todo el mundo. Dejó escrita la siguiente nota: "Creo que es mejor finalizar en un buen momento y de pie una vida en la cual la labor intelectual significó el gozo más puro y la libertad personal el bien más preciado sobre la tierra".

Nada que hacer, nada que oír, nada que observar; el entorno de la nada, el vacío total, sin espacio y sin tiempo. Me paseaba arriba y abajo y conmigo iban los pensamientos, arriba y abajo. Una y otra vez, arriba y abajo. Pero incluso los pensamientos, por muy etéreos que parezcan, requieren un punto de apoyo, pues de lo contrario giran y giran en torno a sí mismos, en un torbellino sin sentido; tampoco ellos soportan la nada. Desde la mañana a la noche se está a la espera de algo que nunca llega. Se espera y se espera. Y no ocurre nada. Y se sigue esperando, y esperando, y esperando... y pensando, y pensando, y pensando... hasta que duelen las sienes. Y no ocurre nada. Y estás solo. Solo... Solo...

Zweig, Stefan, Novela de ajedrez [Die Schachnovelle], Acantilado, Barcelona, 2000. Traducción de Manuel Lobo. Rústica, 96 páginas.

(Esta novela me la recomendó mi amigo David. No es la primera vez que se pasea por esta biblioteca. Siempre acierta de lleno. Gracias, David).

domingo, 3 de junio de 2012

Crónicas de un pueblo inglés


A veces los editores salen de sus oscuros aposentos y dejan el lápiz rojo y los manuscritos a un lado... Suele ser durante la Feria del Libro de Madrid. En la caseta de la editorial Alba, la número 243 del paseo de Coches del Retiro, su editor, Luis Magrinyà, atiende amablemente a los lectores los fines de semana. Es difícil resistirse al entusiasmo que todo buen editor pone cuando habla de sus libros y es fácil, por tanto, dejar la caseta con una buena provisión de títulos. Una de las novedades que Alba presenta en este evento libresco es El libro de la señorita Buncle, de la escritora inglesa Dorothy Emily Stevenson (1892-1973), hasta ahora inédito en castellano.
La señorita Buncle, una mujer flacucha y soltera que roza los cuarenta años, ve cómo merman sus ingresos rápidamente a causa de la Gran Depresión. Aunque vive modestamente, la situación comienza a desesperarla: necesita ampliar sus rentas. La primera opción que maneja para ello es dedicarse a la cría de gallinas, pero su fiel criada, Dorcas, se lo desaconseja absolutamente: demasiado trabajo para obtener escasos beneficios.
Desestimada, pues, esta opción, decide embarcarse en la segunda, que es, nada más y nada menos, que escribir un libro. La señorita Buncle vive en Silverstream, un típico pueblo inglés con sus típicos habitantes ingleses, es decir: un pueblo en el que sus vecinos critican, curiosean, cotillean, se pelean, se enfadan, chismorrean, se enamoran y, sobre todo, no se entienden. La mirada de la señorita Buncle, calmada, perspicaz y muy observadora, planea sobre todos sus vecinos. Y así, relatando únicamente lo que sucede en Silverstream, y en secreto (sólo Dorcas conoce su tarea), un día pone el punto final a su novela: Crónicas de un pueblo inglés, y la firma con un seudónimo: John Smith.
El siguiente paso es encontrar editor. La señorita Buncle contacta con la editorial Abbott & Spicer, la primera que aparece alfabéticamente en el listín telefónico. Y el encantador señor Abbott (encantador a pesar de ser editor) se muestra rápidamente entusiasmado con el manuscrito. ¿Será el ansiado éxito de ventas? Le queda la duda de si se trata de una sátira exquisita, comparable al primer capítulo de La abadía de Northanger, de Jan Austen, o de una sencilla crónica de acontecimientos vistos con la mirada ingenua e inocente de un simple.
Las Crónicas de un pueblo inglés se convierten en El perturbador de la paz (el encantador señor Abbott prefiere este título) y exactamente esto es lo que va a suceder: la paz de Silverstream y la de la señorita Buncle se verán seriamente perturbadas en cuanto se publique el libro y sus vecinos comiencen a leerlo. (Es complicado asimilar para una dama que se le acuse de lucir peluca y dientes postizos y de que pone pectina en la mermelada de ciruela para que cuaje o delatar que la panadera del pueblo ¡hace sus panecillos en el horno eléctrico!, qué sacrilegio).
D. H. Stevenson obtuvo un éxito inmediato de público y de crítica con El libro de la señorita Buncle, inscrito en la mejor tradición inglesa literaria de este tipo de novelas: desde Cranford, de Elizabeth Gaskell, a la serie de Reina Lucía, de E. F. Benson. No en vano, esta tradición será la que recogerá, parece ser, la novela para adultos que está escribiendo J. K. Rowling, The Casual Vacancy: la historia de un pueblecito inglés, anodino y tranquilo, en el que de repente un acontecimiento trastoca la convivencia y salen a la luz todo tipo de miserias e hipocresías.

Dorcas salió: empezaba a acostumbrarse a vivir con una escritora en casa. No era muy cómodo y le ponía el humor a prueba constantemente. (...) "Me parece que, al final, habría sido más fácil criar gallinas. ¡Escritores! -exclamó para sus adentros con un leve desprecio-. ¡Escritores, nada menos...! Bueno, lo que es leer, no volveré a coger un libro en mi vida, pero, desde luego, que nadie venga a decirme lo que es tratar con escritores: preparar la comida, tocar la campanilla y, media hora después, ver que nadie la ha tocado, que la grasa de cordero se ha quedado como una piedra en el plato y que la sopa está helada como un carámbano... Ahora, eso sí, la campanilla sonando a todas horas para pedir café. Y luego, a escribir hasta las tantas de la madrugada y a dormir hasta las tantas del día, y una, hala, a subir las escaleras hasta el dormitorio cargada con la bandeja de la comida... Escritores... ¡Bah! Pero, claro, lo de las gallinas tampoco lo soportaría", concluyó. Cogió la bandeja, cruzó el recibidor, empujó la puerta del estudio con un pie, pisó los folios del suelo sin la menor consideración y dejó la bandeja encima de los del escritorio.

Stevenson, Dorothy Emily, El libro de la señorita Buncle [Miss Buncle's Book], Alba, Barcelona, 2012. Traducción de Concha Cardeñoso Sáenz de Miera. Rústica, 382 páginas.

viernes, 18 de mayo de 2012

Aquí unos amigos...





Las flores de Baudelaire, de Gonzalo Garrido (Alrevés, Barcelona, 2012). Una historia ambientada en Bilbao durante la Primera Guerra Mundial que aborda el tema de la traición a través de su protagonista, un fotógrafo escéptico que acaba investigando el atroz asesinato de uno de los miembros de una adinerada familia de la ciudad.






El joven vendedor y el estilo de vida fluido, de Fernando San Basilio (Impedimenta, Madrid, 2012). El relato de un antihéroe soñador, cuya vida transcurre dentro de un centro comercial, que tras leer un manual de autoayuda toma la decisión de ser mejor persona y adopta un estilo de vida fluido que le conducirá directamente al nihilismo.






Manual para coyotes, de David Ruiz (Menoscuarto, Palencia, 2011). Recopilación de cuentos ambientados en el Far West americano protagonizados por los eternos perdedores que hemos conocido en las películas clásicas del género.







El gladiador silenciado, de Jordi Corominas (Versos y Reversos, Barcelona, 2012). Texto poético que constituye el eje y argumento del espectáculo poético Loopoesía, cuya cuarta edición está actualmente en marcha: música, poesía, teatro, vídeo y un largo etcétera.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Trepidantes aventuras detectivescas en Oxford


¿Se puede investigar un caso en el que no hay lugar del crimen ni cadáver, o más bien, en el que éstos aparentemente han desaparecido? El poeta Richard Cadogan y el profesor oxoniense Gervase Fen, aprendices de detectives, piensan que sí.
Aunque Oxford parece un lugar tranquilo, con sus edificios universitarios, sus callejuelas pintorescas, sus estudiantes, siempre atareados, y su ambiente literario, Richard Cadogan, hastiado de su editor, cree que encontrará allí la inspiración que necesita para escribir una novela. Después de un viaje desde Londres ciertamente accidentado, nuestro poeta llega a la ciudad de madrugada. En su paseo nocturno hasta llegar a su antiguo college, donde piensa pasar la noche, descubre una juguetería cuyo aspecto le llama la atención y que, además, tiene la puerta abierta. Ávido de aventuras, Cadogan entra en ella y, para su sorpresa, se encuentra con el cadáver de una mujer. Y en ese momento...
A la mañana siguiente decide dar parte a la policía y vuelve al lugar de los hechos, pero la juguetería se ha esfumado: lo único que hay es una tienda de ultramarinos, llena de latas, sacos de harina, barreños de arroz y lentejas y tiras de tocino. Por supuesto, del cadáver no hay ni el más mínimo rastro.
Cadogan, antes de creer que se ha vuelto loco de remate y pensando firmemente en que casi ha presenciado un crimen, a pesar de que todas las evidencias conducen a lo contrario, acude a su antiguo compañero de estudios e investigador aficionado, Gervase Fen, para solicitar su ayuda. Y así, poeta y profesor se ven envueltos en una trama disparatada jalonada de cadáveres, herencias, cartas, anuncios por palabras, damas excéntricas y abogados corruptos, en la que contarán con la inestimable ayuda de Lily Christine III, el coche del profesor, que les salvará en más de una ocasión de caer en la red de los malvados en vertiginosas persecuciones.
La juguetería errante se publicó en 1946 y es la tercera novela de la saga de Gervase Fen, compuesta de nueve obras. Enmarcada en la excelente tradición británica de la novela clásica de detectives, cumple con todas sus características, y a ellas se añade, además, una deliciosa sátira literaria propiciada por las profesiones de sus protagonistas. Su autor, Edmund Crispin, seudónimo de Bruce Montgomery (1921-1978), fue todo un personaje de las letras de su época. Educado en Oxford (¿dónde si no?), decía que lo que más le gustaba en el mundo era nadar, leer a Shakespeare, los gatos, fumar, escuchar a Wagner y a Strauss y holgazanear. Por el contrario, detestaba los perros, las películas francesas, las películas inglesas modernas, el psicoanálisis, las novelas policíacas psicológicas y realistas y el teatro contemporáneo.
Afortunadamente, todavía quedan ocho novelas de la saga de Gervase Fen por disfrutar. Queda emplazada la editorial Impedimenta a publicarlas con su esmero y cuidado habituales.

-Vamos a jugar a los Libros Infumables -sugirió.
-De acuerdo. El Ulises.
-Vale. Todo Rabelais.
-Vale. El Tristram Shandy.
-Vale. La copa dorada.
-Vale. Rasselas.
-No, a mí me gusta Rasselas.
-¡Santo Dios, bueno, pues entonces Clarissa!
-Vale. Titus...
-Calla un momento. Creo que he oído a alguien que se acerca.

Crispin, Edmund, La juguetería errante. Un misterio para Gervase Fen [The Moving Toyshop], Impedimenta, Madrid, 2011. Traducción de José C. Vales. Rústica con sobrecubierta, 320 páginas.

lunes, 23 de abril de 2012

23 de abril, Día del Libro



La pasión por los libros lo poseía completamente, hasta el punto de que casi ni comía, ni bebía, ni dormía, dominado, día y noche, por su idea constante. Su imaginación suspiraba por una biblioteca que sería regia tanto en magnitud como en tesoros de sublimidad y belleza que contendría. ¡Con qué gusto respiraba su olor anticipadamente, qué orgulloso y feliz se sentía al considerar ya las inacabables hileras de volúmenes! ¡Con qué alegría dejaba que su mirada se perdiera entre la innumerable multitud de sus libros! Los había por todas partes: ¿levantaba la cabeza? ¡libros! ¿la bajaba? ¡libros también! Y a la derecha y a la izquierda... ¡libros, siempre libros!

Ramon Miquel i Planas, El librero asesino.

domingo, 8 de abril de 2012

La formación de una marquesa: de Mortimer Street a Palstrey Manor

Los entusiastas de la buena literatura en general y de la editorial Alba en particular estamos de enhorabuena. El año 2012 comenzó con la inauguración de una nueva colección, Rara Avis, dirigida por el editor y escritor Luis Magrinyà (encargado también de las colecciones Clásica y Clásica Maior). 'Rara avis' es una expresión latina que significa literalmente 'rara ave, ave extraña' y se utiliza con el sentido de 'persona o cosa excepcional o difícil de encontrar'. Las primeras tres aves extrañas y excepcionales de esta colección son: Geishas rivales, de Nagai Kafu, El mensaje del muerto, de Florence Maryatt, y La formación de una marquesa, de Frances Hodgson Burnett.
La señora Hodgson Burnett era ya una escritora reconocida cuando sacó a la luz La formación de una marquesa. Aunque nacida en Inglaterra, su familia emigró a Estados Unidos cuando ella era una joven de dieciséis años. Empezó a escribir muy pronto para ayudar a la economía familiar y, en vista del éxito que obtuvo con sus cuentos, se convirtió en su principal sostén. En 1874 publicó su primera novela, That Lass o' Lowries, y la crítica especializada la comparó con Charlotte Brontë y Henry James. Sus siguientes obras, El pequeño lord Fauntleroy y La princesita (ambas llevadas con éxito al cine), se convirtieron en clásicos de la literatura infantil. Casada desde 1873 con el doctor Swann Burnett, residió primero en Washington y después, cuando se divorció y se volvió a casar (y de nuevo se divorció), vivió entre Inglaterra y Estados Unidos. En 1901 escribió La formación de una marquesa, que se publicó en dos entregas en la revista británica Cornhill. La continuación, Los métodos de lady Walderhurst, se editó como libro en Nueva York. En 1902, la escritora reunió las dos partes en un solo volumen con el título de Emily Fox-Seton, el nombre de la heroína de la novela.
Esta peculiar obra narra la vida de Emily Fox-Seton, una muchacha que ya ha pasado la treintena, de ilustre origen pero pobre de solemnidad, que vive en una mísera pensión en Londres. De excelente talante y con una bondad irreprochable, se ocupa de hacer encargos, pequeñas gestiones y recados a las damas de la alta sociedad. Nunca ha pensado en su futuro, no cree que exista semejante cosa para una muchacha como ella: simplemente, no se lo puede permitir, aunque se muestra constantemente agradecida a todas aquellas personas que hacen agradable su vida (una vida que hubiera resultado triste e inane para cualquier persona con un carácter distinto al suyo). Una de las damas a las que frecuentemente ayuda, lady Maria Bayne, la invita a pasar unos días en su casa de campo. Y esos días, cuya perspectiva para Emily es motivo de goce y emoción, acabarán siendo los más importantes de su vida. El marqués de Walderhurst, soltero de oro de la aristocracia inglesa y el partido que todas las jóvenes se rifan, cae subyugado ante el sentido común y la bondad de la muchacha y, al cabo de un par de días de conocerla, en una escena de lo más pintoresca (Emily llorando en el campo con una cesta de pescado fresco), le pide que se case con él.
Cuando Emily, ya marquesa de Walderhurst, se instala en la magnífica Pasltrey Manor, la mansión campestre de su marido, no se imagina en ningún momento los acontecimientos que va a tener que sufrir. Unos parientes pobres de su marido, residentes en la India, vuelven a Inglaterra. El nuevo estado civil del marqués significa para ellos que no heredarán ni los títulos ni las casas señoriales ni las tierras. A partir de ese instante, la vida de Emily comienza a cambiar, aunque su naturaleza bondadosa le impide ver hasta dónde pueden llegar los familiares de su marido con tal de hacer valer sus derechos sobre la aristocrática herencia.
Una de las curiosidades de esta novela es la voz de la narradora: no sólo no participa de los pensamientos ingenuos y dichosos de Emily, sino que en ocasiones se burla mordazmente de ella y de su visión sencilla de la vida. El lector sufre en cada página las desgracias que se ciernen sobre la muchacha, demasiado buena como para darse cuenta de ellas. Y la obra, que en su primera parte plantea casi un análisis de las clases y costumbres sociales a finales del siglo XIX, vira en la segunda parte hacia otro tipo de relato: personajes siniestros, envenenamientos, argucias, tretas...
Realmente, La formación de una marquesa, inédita hasta ahora en español, no habría podido encontrar mejor acomodo que en esta nueva colección de Alba, y está hecha con el cuidado y el esmero habituales en la edición, el diseño y la traducción (a cargo de Amado Diéguez). Aunque Frances Hodgson Burnett es conocida sobre todo por una novela posterior, El jardín secreto (1911), no cabe duda de que rescatar esta singular obra servirá para descubrirla de nuevo.

Se sentía tan feliz cuando paró con un ademán el autobús de dos peniques que al subir su semblante resplandecía con esa dicha que añade frescura y atractivo a todas las mujeres. ¡Y pensar que ella era el objeto de tan buena suerte! ¡Y pensar que saldría de su pequeño cuarto para visitar como invitada una de las mansiones más bellas de Inglaterra! ¡Qué delicioso sería vivir unos días y de manera tan natural la vida que las personas afortunadas vivían año tras año, formar parte de aquel hermoso orden y de su encanto y dignidad! ¡Dormir en una habitación maravillosa, que por las mañanas la despertase una doncella perfecta, tomar el té de la mañana en una taza de porcelana y escuchar, mientras lo bebía, el trino de los pájaros en el jardín! Apreciaba con sinceridad los placeres materiales más sencillos, así que pensar en lucir todos los días sus prendas más bonitas y en cambiarse para la cena le parecía delicioso. Disfrutaba de la vida mucho más que otras personas, pero no era consciente de ello.

Hodgson Burnett, Frances, La formación de una marquesa [The Making of Marchioness/The Methods of Lady Walderhurst], Alba, Barcelona, 2012. Traducción de Amado Diéguez. Rústica, 342 páginas.